OBITUARIO | 12/12/2015

Pesar por el fallecimiento de Federico Kirbus

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Pesar por el fallecimiento de Federico Kirbus

Audaz e inquieto, curioso investigador, escritor y periodista, Federico Kirbus sera un capitulo importante  dentro de la historia de los precursores argentinos en materia de motores, automovilismo y destinos turísticos. Puertas afuera estará por siempre un alemán que amaba argentina y dedico su vida a contribuir, aportando sus investigaciones y descubrimientos que jamas se olvidaran.



Pero, ademas, puertas adentro, junto a Marlu, su esposa y nuestra querida amiga, supo  conformar una familia con entrañables amigos distribuidos en todo el mundo.

Los mas cercanos que pudimos compartir las cenas de jueves en jazmín con el grupo 5x5 o las tertulias de los sábados en el balcón de su casa, entre anécdotas e historias increíbles nos queda un espacio en nuestros corazones que nada lo podrá reemplazar porque ellos estarán siempre en el lugar que se ganaron, allí en el centro de nuestras vidas.

FEDE, MARLU, los amamos.

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“Murió Federico Kirbus, esta mañana del sábado 15 de diciembre. Vos, que lo conociste, escribí algo”, me dijeron. Resultaría fácil hacerlo, con solo mencionar su nombre, familiar para todo aquel vinculado al turismo y las travesías. Difícil hacerlo para quien pierde uno de sus últimos amigos contemporáneos. Porque tenía unos meses más que yo en edad y habíamos coincidido en muchas cosas.  Cuando a principios de los años 60 recién comenzaba lo que hoy es el turismo en la Argentina, él y su mujer, Marlú, y yo con la mía, Zeugma, a veces nos cruzábamos en lejanas rutas, donde no había pavimentos, ni hoteles o servicios. En vehículos que recién comenzaban a fabricarse en el país, debíamos llevar herramientas, alambre y pinzas, además de linternas y equipos mínimos de supervivencia. Pero entonces aprendí, al leer sus artículos y libros, que su trabajo era muy profundo y trascendente, que su pluma ingeniosa y su fino humor convertía a los hallazgos arqueológicos en algo entretenido y enseñaba a quien hacía travesías a descubrir muchas otras cosas más que la simple visión de paisajes.  Y su visión le hizo publicitar –viajando en un pequeño Citroen 2 CV—lo que eran unas formaciones que se conocieron después como el Valle de la Luna, en Ischigualasto. Y cuando estaba abandonado y casi por clausurarse, promovió la travesía del Tren a las Nubes. Por sus sucesivos recorridos, muchos más altos que los 4.000 metros, fue develando pasos y valles cordilleranos, hasta enhebrar lo que es hoy el itinerario de la Ruta 40, desde La Quiaca hasta Santa Cruz.  Hizo pensar en el verdadero sitio donde fue fundada Buenos Aires por Pedro de Mendoza, señalando con acertados fundamentos que podría haber sido en Escobar.  Y sus recorridos por el mundo y sus conocimientos sobre el deporte automotor, lo llevaron a acompañar la gira de Juan Manuel Fangio por Europa, así como a recorrer distintas pistas y salvar milagrosamente su vida en el terrible accidente de Le Mans.  Reconozco como uno de los mejores escritos periodísticos que he leído a su cobertura del primer vuelo con el Concorde, hasta Río de Janeiro. Más cerca, hace cuatro años,  pude acompañarlos a él y a Marlú en un viaje por la Ruta de los Caudillos para finalizar haciendo descubrimientos en el primer yacimiento de ónix en San Luis, así como fuimos invitados por allí a inaugurar el pernocte en una original aldea de la tribu ranquel. Con ellos, todo eran hallazgos.  Sus ojos y sus preguntas eran respetuosos de todo lo que exploraba  así como él era amable y muy atento escuchador de relatos.  Había nacido en Avellaneda pero acompañó en idas y venidas a sus padres por Alemania, donde los sorprendió la Segunda Guerra Mundial, cuando él tenía 12 años de edad.  Recuerdo sus muchas anécdotas y el relato sobre el tremendo bombardeo nocturno a Dresden, que él vió a la distancia.    

Ayudado por amigos, estaba trabajando en un libro sobre cúpulas y torres de Buenos Aires. Tan vital y afectuoso, me resultó casi absurdo visitarlo este último jueves en el Hospital Penna, apenas sobreviviendo con sondas y medicamentos. Extrañé la pequeña inclinación de cabeza con que siempre saludaba.  Hace pocos meses, sin muchas ganas de vivir, tras la pérdida hace dos años de Marlú,  me regaló una foto  que se habían tomado con ella en el club de planeadores Albatros, de Merlo. Así quiero recordarlo y así vivirá en el recuerdo de sus muchos amigos.  

Gracias a la gestión de amigos de la Peña 5x5,  se ha denominado en su honor como “Sargento Federico” a un cerro volcánico (6.168 m. latitud 27º 57,6 S y longitud 68º 44,5 W)  de la formación Bonete, allí donde La Rioja mete una cuña en Catamarca, casi en la frontera con Chile. Otro cerro próximo lleva el nombre de Marlú.  

Oscar Fernández Real

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Aquellos que quieran despedirlo, pueden acercarse mañana domingo a las 11hs a la capilla del Cementario Alemán (Avda El Cano 4350) donde se realizará un responso.